VIERNES 14 de febrero de 2003- Año 85 -Nº 29282
Internet Año 7 - Nº 2392 | Montevideo - Uruguay

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Ensayo                                                                         

DOLOR PAÍS, de Silvia Bleichmar. Libros del zorzal. Buenos Aires, 2002. Distribuye Gussi. 91 págs.

DOLOR país es un breve ensayo acerca de los aspectos psicológicos, éticos y metafísicos de la actual situación argentina. Es obra de una psicoanalista y docente universitaria de amplia experiencia, que transcurrió parte de su juventud en los '60 y escribe bien y con convicción. Fue redactado en marzo de 2002, tres meses después de ese "diciembre" que se menciona una y otra vez. No se trata, por lo tanto, de un ensayo largamente pulido, sino de una "obra urgente". Es un análisis, una denuncia, un desahogo y un intento de indicar algunos caminos éticos, ideológicos y anímicos que conduzcan a la rehumanización de una sociedad devastada.

Queda claro que la pérdida de ideales solidarios, el relativismo moral ("en el que la explicación de un hecho deviene su justificación"), la habituación a pensar en términos económico-financieros (ante los cuales la aspiración colectiva a un futuro mejor es "pura imaginería carente de principio de realidad"), el dividir a los semejantes en ganadores y perdedores (que convierte a las víctimas en responsables de su desamparo) actuaron en paralelo con la corrupción política y la lógica del negocio para deshumanizar una sociedad en la que la miseria y la desesperación coexisten con una casi total desesperanza.

Pero no es extremar los argumentos de la autora ni darles un alcance metafísico mayor del que tienen decir que, en Dolor País, la sociedad argentina está caracterizada como una sociedad del mal. Sólo que en la Argentina que acabó de derrumbarse en diciembre de 2001 "la forma de producir dolor en otro ser humano" ya no se define por la agresividad, el sadismo o la crueldad, como sucedió en períodos anteriores, sino por la "banalidad del mal". La expresión, acuñada por Hannah Arendt en un estudio sobre Eichmann, se refiere a la clase de mal perpetrado por personas no intrínsecamente sádicas o crueles sino incapaces de reconocer la existencia del otro. En las acciones de los últimos gobernantes argentinos y de los representantes de los grandes intereses ecónomicos no ha habido nada de "la crueldad de los viejos patrones de estancia argentinos que sostenían el poder a rebencazo y cepo". Sólo hubo ausencia de empatía y la preocupación por alcanzar ciertas metas (no siempre delictivas y a menudo racionales) con la mayor eficiencia posible. Un mal apático, cotidiano, civilizado, moderno.

Frente a la honestidad, sagacidad y contundencia con que Bleichmar analiza la situación, resulta descorazonadora la sensación de que, a pesar de las buenas intenciones, ella tampoco sabe cómo "comenzar a recuperar la dignidad de ser quienes somos". De hecho, el problema parece radicar justamente en ese elusivo "quienes somos" y Bleichmar no se da cuenta que mientras fustiga a sus compatriotas por el deseo de aparentar un poder económico que ni siquiera fue real en la época del granero del mundo y de ocultar por vergonzoso cualquier signo de pobreza, presenta como ejemplo de dignidad, de "ser quien se es", a una señora "sobria y educada" de su barrio que gasta lo poco que obtiene en limosnas comprando no pan sino medialunas de manteca rellenas. Que Bleichmar, con todo su corazón y toda su inteligencia, no perciba esta y otras contradicciones no invalida el análisis desarrollado en el libro. En realidad, muestra cuán diseminados y profundamente implantados están los oscuros deseos colectivos que ayudaron a quienes reemplazaron una clase de mal por otra.

J. G.

 

 

 

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